miércoles, 9 de mayo de 2012

EL REGGAETÓN Y SU INFLUENCIA COMO PRODUCTO DE LA INDUSTRIA CULTURAL


                                               Por: Alexandra Castañeda Obando
                                          Artista escénica Universidad distrital Bogotá
                                     Estudiante de Historia-Universidad del Valle-Cali.

El Reggaetón es un producto comercial de la industria cultural, que lejos de ser un ritmo des-intencionado, es un producto que opera en el orden de lo cultural, transmitiendo y fomentando una serie de actitudes, comportamientos, valores, formas de ver el mundo, en la perspectiva de Bourdieau, de habitus, que consiste en unas prácticas, que dan cuenta de estilos de vida particulares, están diferenciados y son diferenciantes, operadores de distinción.
“Los habitus son también estructuras estructurantes, esquemas clasificatorios, principios de clasificación, principios de visión y división, de gustos diferentes, producen diferencias diferentes, operan distinciones entre lo bueno y lo malo (…) el mismo comportamiento o el mismo bien puede parecer distinguido a uno, pretencioso a otro, vulgar a un tercero”.[1]
Este estilo musical es promovido por la industria cultural, con el objeto de ser un producto de consumo cultural de masas, por lo tanto, es fuertemente publicitado, no exige esfuerzos intelectuales, ni dificultades de acceso para su consumo. El reggaetón tiene auge en los barrios marginales de Puerto Rico, retoma la base rítmica del hip-hop, el reggae y el rap, fenómenos musicales de raigambre popular, que usualmente, recreaban un imaginario barrial, algunas veces bajo un discurso de crítica social, anti-sistémico, etc.
“Hacia el año 1989, una nueva manifestación cultural se apoderó de las calles de Puerto Rico, una música con un ritmo pegajoso que invitaba a los jóvenes a bailar con movimientos sensuales al ritmo de bajos electrónicos y letras cargadas de crudeza, pobreza, violencia y sexo. A esta música, llevada de manera clandestina a los barrios deprimidos por desconocidos compositores, se le llamó reggaetón.”[2]
Hoy la estética rap es reelaborada en el discurso musical del Reggaetón, que se promociona no desde los circuitos de la subcultura marginal del rap, sino desde la industria cultural que lo enarbola como el producto del momento. El reggaetón está dirigido a la población joven, los cantantes son jóvenes, o por lo menos lucen como tales y muchas veces narran historias de amor y sexo entre adolescentes, por lo tanto, son ellos, quienes más consumen este producto y sobre quienes recae una fuerte carga ideológica.

El Reggaetón y el Imaginario Mafioso:
La industria cultural sustituye a la escuela como nueva educadora, reproduce estereotipos, roles sociales, que van en correspondencia con la economía predominante: la del narcotráfico, se apela a una estética mafiosa, pero esta vez los apoderados son bastante jóvenes, quienes rodeados de dinero consiguen sus propósitos. No es gratuito que el sello discográfico del cantante Daddy Yankee, uno de los más afamados reggaetoneros se llame “El cartel Records”, mediante el cual, lanza uno de sus trabajos llamado “el cartel III: The big boss”.
“Los localismos encontrados corresponden a las jergas juveniles o delincuenciales. Allí se ubican los términos: jeba, coba, ajores, motora, tripeo, perro. Palabras que en muchos casos son utilizadas por los jóvenes que escuchan este tipo de canciones.”[3]
El reggaetón, promueve los anti-valores lumpenescos de la vida fácil, el mensaje establece una relación  entre la felicidad y el éxito con los bienes económicos: autos, atuendos y mujeres son la demostración del poder, representado en el dinero, las mujeres operan como bienes materiales, se exhiben joyas, bajo una lógica de ostentación, como diría Bourdieau, de distinción, que busca plantear la diferencia entre los que tienen y en respuesta acceden a y los que no, los que tienen la cadena de oro más gruesa y los televidentes que muy seguramente no la tienen, pero que aspiran a ella; los ganadores, los dueños de la cadena, a la postre son premiados con el éxito sexual respecto de las mujeres.
Ya la relación formación académica-dinero no funciona, pierde legitimidad en un contexto que muestra la posibilidad, para los jóvenes de ganar fortuna traquetiando, mientras las jóvenes se preocupan por parecer sexys ante el futuro proveedor, en una lógica malsana que las aleja del interés por la independencia económica a través del desarrollo académico y profesional, en cambio, las vincula a la prostitución hacia el mejor postor. Hoy más que nunca los conocimientos de la escuela se desconectan de las vivencias juveniles.

Representaciones de lo femenino y lo masculino:
El Reggaetón promueve los arquetipos tradicionales de la mujer y del hombre, la primera, concebida como objeto de placer sexual y reproductivo, y el segundo vinculado a ser el gran proveedor a través del acceso al dinero fácil, producto de las actividades del narcotráfico y la criminalidad, valores patriarcales, tradicionales, semi-feudales, recreados  en el escenario del mercado de consumo y en la lógica de legitimación de este tipo de economía y sus características. Las mujeres son cosificadas, masificadas, restándole importancia a su individualidad, por el contrario, las hace bellas, apetecibles lo que hay en común entre todas y no lo que tienen de particular, lo que las hace diferentes. Además, incita a la violencia de género  y a conductas sadomasoquistas desde sus canciones, que se traducen en conductas violentas de los jóvenes.

"La mujer (en el reggaetón venezolano principalmente) se considera como un instrumento sexual y es comparada con un animal salvaje cuyo sexo está relacionado con la zoofilia y el fetiche. Situación que trae consigo una carga de desvalores para la población que recibe este tipo de mensajes (…) Existe una recurrencia de diminutivos con valor afectivo especialmente en los apelativos para referirse al hombre o la mujer: mamita, papi, cachorrita. El 100% de los diminutivos se emplearon para representar al hombre y a la mujer. La vinculación hombre-mujer viene marcada por lexías que incitan al juego sexual o al sexo. Para referirse a las acciones efectuadas por los sujetos se utilizaron las palabras: tra, perreo, comer, morder, clavar y dar candela, expresiones que fomentan las relaciones bruscas, sadomasoquistas y fetichistas.”[4]


El lenguaje:
En materia de lenguaje no reivindica la cultura latina, como quieren hacer creer muchos, en cambio mezcla el español con el inglés, en el fenómeno conocido como spanglish, lo que le permite proyectarse en los escenarios estadounidenses y mundiales.
“En relación con los procesos morfológicos se obtuvo como resultado el uso de términos procedentes del spanglish. Palabras sin mecanismos de asimilación al español, tal es el caso de: winning, gangster, bosster, weekends.”
Tanto hombres como mujeres son re-significados en las letras de las canciones, asociándoseles con animales.
“El hombre también es relexicalizado con las palabras: perro, gato y pobre diablo.  En los términos hombre/mujer se emplearon lexías con preferencia animal: gata, cachorra, perro y gato. Es decir, se pone en evidencia una vinculación humana/ animal en las relaciones de pareja. Existe una marcada presencia de la lexía animal (zoofilia) tanto en el agente/paciente como en las acciones que estos efectúan. Se puede apreciar en las tres categorías: la hembra (gata), el hombre (gato perro y perrito) y en la relación de pareja (perreo)”.
El lenguaje de los jóvenes se empobrece con este género musical, una jerga zoofílica los concentra en códigos restringidos, según Berstein “El concepto de código es inseparable de los conceptos de comunicación legítima e ilegítima y, por tanto, presupone una jerarquía de formas de comunicación, así como su demarcación y criterios (…) el código es un regulador de las relaciones entre contextos, y a través de esas relaciones, regula las relaciones dentro de los mismos”[5].
En ese sentido, esa jerga  los margina y reduce su proyección académica y profesional; incluso, muchos jóvenes no alcanzan a captar todas las palabras y frases que contienen las canciones, lo que aún más demuestra una actitud seguidista, poco crítica e irreflexiva, con una identidad endeble, que no tiene nada que defender, panorama que la escuela debe entrar a cuestionar.
“Sin embargo, sigue siendo predominante el lenguaje complicado y difícil de entender. Con un sondeo hecho entre los jóvenes que escuchan el reggaetón, se comprobó que, en Bogotá, solo un 10% reconoce algunas de las palabras y expresiones usadas por el género. De las percepciones que los jóvenes tienen sobre el reggaetón, se infiere un panorama desolador: el de una juventud desorientada, carente de valores colectivos y por lo tanto incapaz de defender y consolidar una identidad propia; una juventud caracterizada más bien por la pasividad, en el mejor de los casos.”[6]
La construcción de identidad de los jóvenes se ve intervenida por este fenómeno musical, poco puede esperarse en materia de autoestima, puesto que los referentes culturales externos tienen fuerte injerencia en dicha construcción.
 “(…) estaríamos ante la presencia de los actos amenazadores de la imagen positiva de los destinatarios (público), citando a Amparo Tusón (1997).  Ya que, al utilizar palabras que atentan contra la construcción de la personalidad del destinatario, se contribuye a que se distorsione la forma en que se le percibe, en este caso a la mujer. “Perras”, “lobas”  y “gatas” son algunas de las más frecuentes.”[7]
El raeguetón constituye un ritmo sexista, machista, pobre en contenidos musicales y culturales, que garantiza, en palabras de Pierre Bourdieau, el precario capital cultural de los jóvenes de las clases populares, teniendo en cuenta, que son este tipo de población los mayores consumidores de este producto musical. El capital económico develado en el reggaetón es grande, en tanto que el capital cultural es mínimo, en una ecuación inversa.



[1] Bourdieu, Pierre. Capital Cultural, escuela y espacio social. Siglo XXI editores, México 1997.
[2] Gómez, Sandra. Sexo, droga y…Reggaetón. Unimedios. Universidad Nacional de Colombia. http://historico.unperiodico.unal.edu.co/Ediciones/113/22.html
[3]Urdaneta Marianela.  El reggaetón, entre el amor y el sexo. Análisis semiolingüístico. Trabajo de Grado para optar al título de MSc en Ciencias de la Comunciación Mención Sociosemiótica. Universidad de Zulia. República Bolivariana de Venezuela http://www.slideshare.net/MArianelaUr/el-reggae-7886587
[4] Op. cit.
[5] Bernstein, Basil. La estructura del discurso pedagógico: clases, códigos y control. Morata, Madrid, 1993.
[6] Gómez, Sandra. Sexo, droga y…Reggaeton. Unimedios. Universidad Nacional de Colombia. http://historico.unperiodico.unal.edu.co/Ediciones/113/22.html
[7] Palmisano, Yoselin ¿“El reggaetón será el género principal del mundo” o la principal estrategia yanqui para el declive de la sociedad? 2008. http://www.artecomunicarte.com/ObraDatosPAD3_L.php?Obr=2421


4 comentarios:

  1. Este artículo pretende hacer una reflexión sobre el REGGAETÓN y su influencia.

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  2. excelente articulo, sirve de material para trabajar con estudiantes adolescentes, invita al cuestionamiento y la reflexión, este material acompañado de un buen taller, seria clave.

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  3. Como material de adoctrinamiento moral está excelente. Me parece un escrito acientífico, permeado de valoraciones subjetivas y prejuicios. No estoy de acuerdo con muchas de las afirmaciones que ha hecho. Algunos postulados que cita ya han sido ampliamente superados; tal es el caso del concepto de código restringido de Bernstein. El lenguaje no se empobrece. Además, no entiendo por qué afirma que el capital cultural de los jóvenes de las clases populares es precario.

    No obstante quiero comentar que la parte de la industria cultural me parece mucho mejor planteada. Creo que mejor hubiera seguido argumentando desde esa idea.

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